Construyendo identidad

Docencia 60 / diciembre 2016

Ventana Pedagógica

Ilustración: Marlene Soffia.Ilustración: Marlene Soffia.

En este relato, un grupo diverso de profesionales del Complejo Educacional Eduardo Cuevas Valdés nos cuenta su experiencia de cómo se propusieron cambiar el clima escolar que se vivía en el establecimiento al que recién llegaban a trabajar. Veían alumnos poco motivados y un ambiente de escasa participación e interés por desarrollarse en distintas áreas. Fue entonces como, a partir de un trabajo colectivo y la organización de diversas actividades cívico-culturales en que confluían contenidos curriculares con acontecimientos de interés general, lograron despertar a esta comunidad.

El origen

El Complejo Educacional Eduardo Cuevas Valdés está ubicado en la comuna de Lo Barnechea, en el sector oriente de Santiago y alberga aproximadamente a 550 estudiantes de escasos recursos, desde séptimo básico a cuarto año medio. En tercer año de enseñanza media nuestros alumnos pueden optar a una de las tres carreras técnico-profesionales: atención de enfermería, administración de empresas y mecánica automotriz.

Quienes escribimos este artículo nos ingresamos a trabajar al establecimiento en marzo de 2012. En cuanto nos conocimos comenzamos a intercambiar visiones sobre nuestra idea de educación y opiniones sobre las dinámicas del lugar donde habíamos llegado. Recordando, nuestra primera coincidencia fue buscar formas de darle vida a un lugar que parecía estático y poco atractivo tanto para los estudiantes como para nosotros que convivíamos día a día en esta comunidad. Nos llamaba la atención el poco protagonismo de nuestros estudiantes y la baja motivación frente a su proceso de aprendizaje y, también, ante otras actividades extracurriculares.

Nos llamaba la atención el poco protagonismo de nuestros estudiantes y la baja motivación frente a su proceso de aprendizaje y, también, ante otras actividades extracurriculares.

La conclusión: chicos escasamente motivados a potenciar sus habilidades en las diversas áreas del desarrollo humano. Necesitábamos una respuesta concreta y urgente para comenzar a transformar la vida en nuestro colegio. Afortunadamente, nos reunimos en un mismo lugar personas con un objetivo común, llenos de entusiasmo, osadas ideas y pasión por conseguir lo que comenzamos a soñar. Es así como Natalia Torres (bibliotecaria), José Manuel Rodríguez, Gabriela Valdés, Claudia Silva (profesores de Lenguaje) y Nataly Guzmán (asistente de la educación), nos propusimos emprender un camino incierto pero entretenido y prometedor.

La primera ocasión que aprovechamos para iniciar este camino fue replantear la idea de “acto cívico”, el cual hasta ahora era monótono, los alumnos debían soportar estoicamente la lectura de una efeméride, algún discurso, a veces un número musical y la entrega de un distintivo de la temática del acto a cada curso. Esto se repetía semana a semana hasta que todos los cursos terminaran de presentar la temática que le correspondía según la fecha. Se acercaba agosto del año 2014, mes de la solidaridad, coincidía la época con los lamentables ataques que ocurrían en Palestina. Esta era una gran oportunidad para trabajar por una causa común, en la que sin duda debían involucrarse todos.

Entonces, propusimos a la dirección del liceo autorizarnos para encargarnos de realizar el acto cívico, con ocasión del mes de la solidaridad, al que llamamos “Acto por la paz”. Nos pusimos en campaña para organizar un emotivo evento, cuya finalidad era llamar a la reflexión sobre un suceso de importancia mundial y de responsabilidad humana. La idea no era desmerecer lo que se había hecho hasta entonces, sino más bien crear una forma que moviera a toda la comunidad a participar y principalmente a nuestros estudiantes. Expusimos al equipo directivo la idea, cuyo eje principal sería el protagonismo de los niños y jóvenes. Para ello necesitábamos que cada integrante de nuestra comunidad educativa sintiera que tenía que decir algo, pronunciarse respecto a los acontecimientos que estaban ocurriendo día a día. Nos preocupamos de generar un ambiente anterior a la realización de la actividad, una preparación emotiva del clima reflexivo que queríamos provocar. Realizamos un video explicativo con las noticias más significativas y recientes, incluimos testimonios de niños de la edad de nuestros alumnos, les leímos cartas de otros adolescentes que pedían por la paz y conseguimos, desde la embajada de Palestina, una charla al colegio sobre el contexto histórico que envolvía a esta gran tragedia. De esta forma los estudiantes se acercaron de una manera informada al tema y logramos generar no solo conmoción por algo que en principio parecía lejano a ellos, sino además, opinión al respecto, rescatando los primeros indicios de haber cumplido uno de nuestros mayores objetivos como pedagogos: que se produjera un aprendizaje fundamental, como lo es formar opinión a partir de la información y la apertura de espacios de discusión.

El equipo directivo apoyó cada una de las gestiones realizadas para efectuar esta importante actividad para el colegio. Paso a paso confiaron en lo que haríamos y dispusieron de los recursos humanos y económicos necesarios.

Junto a esta sensibilización nos dimos cuenta, además, de que todos teníamos sed de hacer cosas nuevas. El equipo directivo apoyó cada una de las gestiones realizadas para efectuar esta importante actividad para el colegio. Paso a paso confiaron en lo que haríamos y dispusieron de los recursos humanos y económicos necesarios para suplir las necesidades que iban apareciendo a cada momento del proceso de organización previo al acto. Los profesores quisieron aportar con lo mejor que podían dar de sí. Por ejemplo, los profesores de religión prepararon una homilía para la reflexión de la comunidad. Se invitó a las autoridades de la comuna y en aquella oportunidad contamos con la presencia de Carola Pérez, en ese entonces Coordinadora de Educación. Durante el acto, había cambiado algo fundamental para siempre, la disposición de nuestros alumnos. Como nunca antes, estuvieron atentos a lo que ocurría en el escenario durante todo el tiempo. Culminada la actividad, la satisfacción renovó nuestras energías y se produjo lo que esperábamos, que la comunidad en su plenitud se conmoviera ante la magnitud de esta tragedia humana y se esperanzara a su vez por los diversos mensajes de paz y unión entregados por los estudiantes, deseos que fueron enviados al cielo a través de globos blancos inflados con helio. Nuestros alumnos sí tenían mucho que decir. Lo importante para nosotros era que ellos se dieran cuenta de que mediante la participación no solo se genera la valoración de cada ser humano, sino que además es una instancia de aprendizaje, de otro tipo de aprendizaje, de aquel que emerge de la experiencia, de la conexión con las emociones, de la relación con nuestras motivaciones. Cerramos con aplausos que denotaban emoción y agradecimiento por lo emotivo, simbólico y significativo que había sido para todos participar en una actividad como esta. Las reacciones de todos los estamentos fueron las mismas, el aprendizaje había trascendido de un conocimiento más a un aprendizaje experiencial y emocional. La empatía experimentada por la situación sufrida por otros seres humanos fue el aplauso final del éxito de una actividad dedicada a la memoria de los inocentes caídos en la guerra.

Actividades con sentido y trascendencia

Incursionamos, entonces, en una apuesta distinta. La meta era integrar acontecimientos significativos para los estudiantes que los hicieran despertar como espectadores y participar como protagonistas de lo que fuera ocurriendo durante una celebración, conmemoración o cualquier situación que se constituyera en acto cívico.

Cada actividad que continuamos organizando se fue facilitando y complejizando a la vez. Facilitando en cuanto a que las posibilidades de mejorar la organización y la ejecución de cada proyecto fueron abriendo paso a la confianza del equipo directivo, lo que se tradujo en apoyo financiero y de gestión. A su vez se complejizaron, en tanto cada vez fueron sumándose más personas con ánimo de colaborar y hacerse partícipe de responsabilidades en la organización. Se nos fueron ocurriendo ideas que requerían de mayores recursos y estrategias para llevarlas a cabo. De ello aprendimos a estructurar de mejor manera cada una de las etapas en que se dividía una actividad. Asimismo organizamos de mejor modo los roles y responsabilidades a asumir, como también exteriorizamos el trabajo con el resto de los docentes, confiando en que otros podrían hacerlo tan bien o mejor que nosotros, aprendizaje crucial en el ser humano para crecer en conjunto.

Fue así como llegamos a plantearnos la posibilidad de organizar un carnaval, con todo lo que implicaría en términos de gestión, organización, recursos y motivación que se debía transmitir a toda la comunidad. Sería un trabajo en grande, pero que no nos podía asustar por su envergadura. Por el contrario, era la oportunidad para poner en práctica el aprendizaje común de las experiencias anteriores. Organizamos, entonces, el “Carnaval Medieval” (septiembre 2016), partiendo de las ideas hasta conseguir sincronizar cada actividad que se realizaría dentro de este lindo espectáculo. En esta oportunidad, queríamos que los estudiantes se conectaran con un conocimiento mediante un proceso de aprendizaje que involucrara la investigación, la creatividad, el trabajo colaborativo, la participación, el hacer. Los estudiantes trabajaron junto a profesores de distintos subsectores de aprendizaje organizando el montaje de un stand temático alusivo a la época y cultura medieval.

Contamos con stand de comida, juegos, vestimenta, religión, histórico, armaduras y objetos medievales en general. Conseguimos la participación del Centro Lector de Lo Barnechea con una intervención preparada especialmente para la ocasión: “Las susurradoras”. Contratamos una “tuna” o estudiantina medieval, que para nuestra sorpresa causó gran aceptación entre los estudiantes que no conocían este tipo de manifestación musical. También participó el grupo “La guardia del Halcón”, quienes realizaron una muestra de armaduras y objetos medievales, una demostración de esgrima y consecutivamente un taller en que participaron estudiantes, teniendo la posibilidad de conocer este arte táctico del medioevo. Pensamos, también, en un enganche para que aquellos estudiantes menos participativos no se restaran de este acontecimiento y contratamos los servicios de una cabina selfie que estuvo disponible durante la jornada para que los estudiantes dejaran plasmado el momento tomándose una fotografía caracterizados con vestimentas de la época. Se realizó un concurso de trajes medievales, organizado por la profesora de tecnología, en que participaron todos los cursos con mucho entusiasmo. Finalmente, se puso en manos de estudiantes la locución de la apertura de las actividades, la premiación de los concursos, la motivación constante durante la jornada.

La evaluación, a pesar de las dificultades que siempre pueden estar presentes, fue un nuevo éxito, debido al interés que provocó el carnaval en todos los miembros de la comunidad, al alto nivel de participación tanto en estudiantes como en el resto de los estamentos, y al compromiso que se generó para organizar el evento. El aplauso se tradujo en que nuestros estudiantes han incorporado cada una de las actividades institucionales en parte de la cultura participativa. Ellos están atentos a nuevas posibilidades de participación y colaboración, están proponiendo actividades en las cuales les gustaría participar y han evaluado positivamente el cambio que se ha ido generando en el tiempo dentro del colegio.

“Los genios”

Hacer confluir los genios es cosa difícil y admirable para trabajar en equipo. La tolerancia, el respeto y la prioridad de un objetivo común nos ayudaron a mantenernos vinculados y a superar las diferencias durante el tiempo que hemos permanecido unidos por el trabajo y la amistad. Cada actividad que pensamos y a la que dimos vida se forjó con gran energía, pero con grandes miedos también. Así, cuando uno de nosotros soñaba por sobre las nubes, otros replanteaban la situación para conjugar, de este modo, la idealización con la realidad.

Nuestro motor ha sido siempre concretar nuestras ideas para hacer de nuestro espacio de trabajo el lugar que queremos transformar. Transformar desde el espacio físico hasta el más importante, el espacio mental. Darle un nuevo orden a las cosas es volver a organizar el pensamiento y esto es evolución. Pero para apostar a que este motor que nos une echara a andar tuvimos que sortear dificultades, estructurarnos, desarmar y armar nuevamente. Las distintas personalidades enriquecen la experiencia humana, el crecimiento y desarrollo creativo. Si la diversidad de carácter no se asimila como un complemento, el trabajo se pierde por mínimas diferencias y frustraciones al no construirnos como una sola pieza.

Cuando comenzamos el 2014, los primeros miedos que afloraron se relacionaron con las expectativas del resultado del proyecto y con el posible rechazo de las ideas que queríamos desarrollar. Es así como acuñamos una de las frases célebres del grupo: “¿Tú crees que te van a decir que sí?” (Nataly Guzmán, asistente de la educación). Dicha frase fue clave para convencernos de que sí podríamos conseguir todo. Por lo menos, todo lo necesario para realizar la propuesta del momento.

En contraste al miedo de no conseguir concretar cada proyecto, aparecía en el camino otra inolvidable frase: “es súper simple” (Gabriela Valdés Cáceres, profesora de Lenguaje). Cada idea se elevaba con facilidad y se sumaban muchas más con la energía que Gabriela nos transmitía. Sin embargo, el “es súper simple”, muchas veces se transformó en un imposible hacerlo con lo que tenemos o con el escaso tiempo con el que contábamos. Así fuimos aprendiendo a evaluar las ideas, nada debía ser un obstáculo, pero a la vez todo debía ser pensado con detención y buscar la mejor forma de ejecutar las ideas circundantes.

El rol de Natalia Torres ha sido notable, en tanto nos convoca al trabajo estructurado, al cumplimiento de metas y compromiso con las responsabilidades. Es quien nos fiscaliza permanentemente para estar al tanto de avances y dificultades que debemos superar para continuar adelante. Así, cada uno recuerda lo que debe cumplir y sabe qué problemas debe resolver de manera efectiva. José Manuel Rodríguez ha sido un pilar importante en cada actividad, podríamos decir que es “el hombre de la casa”, resolviendo asuntos que solo su ingenio, voluntad y fuerza pueden zanjar. Claudia Silva ha sido la mente soñadora e impulsora de este loco grupo, con su frase característica: “Tengo una idea…” nos hacía pensar en lo inimaginable y a la vez podíamos darnos cuenta que cada desafío sí podía ser concretado.

Los obstáculos

Las mayores dificultades que se presentaron en el desarrollo de cada proyecto fue formalizar los roles de cada uno. Muchas veces nos dedicábamos a realizar el mismo trabajo mientras descuidábamos alguna parte que, aunque pareciera un detalle, era igualmente fundamental. En muchas ocasiones no teníamos claridad de lo que a cada uno le correspondía hacer y es difícil aceptar los errores cuando recaen en uno mismo. Esta situación en variadas oportunidades nos produjo el estrés de no tener todo controlado.

Otra problemática a la que nos enfrentábamos a diario era contar con la aceptación y voluntad del resto de la comunidad para desarrollar una acción. Nos desgastaba escuchar un sinnúmero de consecuencias que podría traer tal o cual acción dentro de la programación de las actividades. Afortunadamente, el diálogo, la paciencia y perseverancia concluyeron en que cada vez las actividades propuestas tuvieran más aceptación y adhesión en la voluntad de sumarse al proyecto. De ello aprendimos que no hay que temerle a la crítica, hay que enfrentarla e involucrar a los otros para que, al ser parte, se sientan también responsables de lo que se está realizando.

Lo que viene

Hoy tenemos la satisfacción de haber recorrido un camino sin igual, de haber vivido experiencias que ninguno había tenido con esta intensidad. Nos queda el desafío de institucionalizar las actividades más representativas para que en un futuro se conviertan en parte del constructo identitario de nuestra querida comunidad educativa. Pensamos que todo proyecto tiene efecto en un largo plazo, sobre todo si hablamos de logros educativos. Sabemos que esta apuesta por un aprendizaje integral y participativo tendrá ganancias que nuestros estudiantes plasmarán en el aumento de los espacios de expresión, discusión y aprendizajes diferentes. Nos queda para ello, sustentar en el tiempo aquellas acciones que más los han impactado e incorporar nuevas ideas, integrando cada vez más a los distintos actores que son parte de un sistema educativo. Hoy agradecemos el apoyo incondicional de nuestra directora Gloria Obregón Guerrero y del equipo de gestión, sin su confianza habría sido imposible cumplir nuestro sueño. Agradecemos a la señora Carola Pérez, que nos impulsó a seguir en el camino, y a María de Los Ángeles Castillo, actual Coordinadora de Educación, que ha continuado con la amplia visión sobre lo que significa educar. Hoy, por último, nos damos las gracias por creer y hacer creer a otros que se puede.

Autores

Nataly Guzmán

José Manuel Rodríguez

Claudia Silva

Natalia Torres

Gabriela Valdés

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